martes, 9 de noviembre de 2010

El Orgullo Gay visto por un niño

Hola. Me llamo Juan y tengo cuatro. El sábado mi mamá me dijo que íbamos a ir a pasear a una marcha con el tío Lucas. Así que nos subimos al subte celeste y nos bajamos en una plaza que se llama Plaza de Mayo. Me gustan los trenes, los camiones y los autos, pero más los aviones.


En la plaza había mucha gente vestida de colores y también habían banderas con muchos colores: el rosa, el naranja, el rojo, el celeste, el blanco. Señoras con pelo de flores, señores con pelos parados y negros, una chica que parecía la película Avatar, un señor que parecía mariposa con alitas rosadas, otro con tetillas que tenía pintado el cuerpo con la bandera argentina y una chica que era como un soldado con la bandera argentina, pero usaba roba negra brillante y botas muy altas. Todos estaban muy alegres y reían, como una fiesta. Había muchos globos buenísimos más grandes que los de los cumpleaños, y ¡camiones gigantes!, llenos de chicos y chicas con disfraces que bailaban con música muy fuerte. Toda la gente que estaba por todos lados en la calle y los camiones se divertía. Yo iba a upa de mamá porque había mucha gente y tenía miedo de perderme. Ella miraba todo con ojos brillantes, y a veces iba con mi tío que también sonreía porque le gustaba ver la fiesta; los dos caminaban bailando entre la gente. Entonces cuando me tocaba estar como caballito en los hombros de él, podía ver mejor a las personas en los camiones. Vi una chica vestida como el Chapulín Colorado arriba del techo de un camión gigante. Era divertido.

Yo siempre le pregunto muchas cosas a mamá y también me pregunta ella a mí ¿Qué es esto? Unos chicos que se dan besos como mamá y papá, le dije. ¿Y eso? Unas chicas que son amigas, le cuento. Las chicas me sonríen y dicen ¡Ay, qué lindo nene!, siempre. Mi tío dijo: en otro contexto, ser el tío copado me atraería muchas minitas. Yo no entiendo eso así que miré para otro lado nomás.

La gente saltaba y bailaba, porque los camiones tenían música. Me quise subir a uno y mamá me ayudó. Una chica que estaba arriba con ropa negra y que sonreía me agarró de las dos manos para a subir al camión, porque mamá estaba abajo. Pero el camión se movía mucho, así que ya me dio un poco de miedo. En un momento, alguien tiró unos cohetes, ahhh! No me gustan los cohetes. Hacen mucho ruido, me da miedo y me duelen los oídos. Gateando me metí más para adentro. Lloré un poco y por eso las chicas me llevaron de vuelta con mamá que siempre me abraza y me calma.

Por suerte llegó papá y nos encontramos entre toda la gente que estaba ahí. ¡Qué suerte! Cuando lo vi dije ¡Hola Papi quiero ir con vos! Ahí fue cuando los camiones arrancaron y empezaron a irse, y ya no pude volver a subir. Iban por la calle ancha entre todas las personas que bailaban. En uno de esos camiones cantaban Los muchachos peronistas la la la la… viva Perón, viva Perón! que es esa canción que siempre canto con mamá. Como algunas letras ya conozco vi que tenía una bandera con una J y una P grandes, así. También tenía un dibujo de Cristina y Néstor. Yo conozco a Cristina porque siempre la escuchamos en la tele de mi casa y veo sus fotos en la calle; mamá y papá siempre dicen, Shhh Juan, que está hablando Cristina. Pero hace unos días Néstor se murió y estaban todos muy tristes en la plaza. Ahora estaban contentos porque parece que Néstor no se murió, está en nuestros corazones, porque así canta la gente.

En un bar con muchas luces hay otras personas distintas a las de la calle. En el bar las mujeres tienen el pelo blanco con peinado como la abuela. Una de esas mujeres, cuando nos vio, salió del bar y le preguntó a mamá si no le parecía mal traer a un nene tan chico a este degeneramiento. No sé qué significa degeneramiento, pero mamá le contestó que degeneramiento es no entender que somos iguales pero de diferentes formas.

Cuando llegamos a una avenida muy ancha, que se ve el Obelisco, ya era de noche, yo ya estaba re cansado. Así que después de hinchar mucho, convencí a papá y a mamá de volver a casa. Papá y mamá se reían porque papá le contó que le decían muchos piropos.

Yo estaba orgulloso de haber enfrentado el miedo. Hoy otra vez aprendí muchas cosas. Ahora me voy porque ya es hora de dormir. Me voy a decirle a mamá que me lea el libro de los cuentos mágicos. Ella siempre me canta que mañana hay que jugar y aprender mucho más.


Esta columna la escribí con ayuda de Noemí Arzamendia y Joe Cornejo.

Cristina en la Peugeot: La leona argentina y el león francés

Nota de mi autoría publicada en http://www.agenciapacourondo.com.ar/

El día comenzó muy temprano. El sol resplandeciente encandilaba con fuerza. La fotógrafa y la cronista de La Paco se encaramaban, desde Retiro, al tren que las llevaría a Caseros, localidad donde se asienta una de las fábricas automotrices que más dio y más recibió de Argentina: la Peugeot. ¿Y porqué iría la agencia de noticias militante más vibrante del momento a esta fábrica? Porque allí estaría la Presidenta de todas y todos, inaugurando una nueva línea de producción de esa empresa.


Una vez allí, en la Puerta 1 Sur de la planta, la comisión organizadora nos dice: “Sin invitación no se puede pasar”. Bien, no la teníamos. “Somos una agencia de noticias alternativa y queremos estar presentes”, dijo Ana, la fotógrafa. “Dejenme ver qué puedo hacer”, dijo el hombre. Minutos más tarde, nos permiten pasar. Gracias Miguel, prometimos nombrarte en esta crónica.

Varias agrupaciones y autoconvocados de la zona, entre los que se contaban a trabajadores de fábricas aledañas, empleados del municipio de Tres de Febrero y vecinos del barrio, se preparan en la calle para saludar a Cristina por primera vez desde que Néstor se fue. Con el correr de las horas, los pequeños grupos se convertirían en miles de hombres y mujeres llenos de fervor y esperanza. Banderas de apoyo y aliento flameaban en la cálida mañana por dentro y por fuera de la planta. En uno de los inmensos galpones, los obreros orgullosos se preparaban con sus uniformes y sus cascos para saludarla. Cruzando la pista de pruebas, la carpa blanca con alfombras, aire acondicionado y aperitivos también se preparaba para el evento.

Los organizadores nos llevaron en un minibús hasta esa carpa. Allí se exponían los modelos históricos de la marca; estaban el mítico 404, tan argentino como la birome, el 504 que recuerda postales familiares y vacaciones de verano, el 505, y también el 206; todos estarían presenciando la salida a la luz del nuevo Peugeot 408.

Por fin comienza el acto, entran la Presidenta Cristina Fernández; el Gobernador Daniel Scioli; el Intendente Hugo Curto; la Ministra de Industria Débora Giorgi; el Ministro de Trabajo Carlos Tomada y autoridades de la Peugeot. Cristina, como es su costumbre, dio un discurso con datos importantes: la tasa de desocupación bajó del 9,1% al 7,6%; y recordó "cuando visitamos hace algunos años esta planta junto al ex presidente Néstor Kirchner había 700 trabajadores y hoy hay 5.856 trabajadores".

También rindió tributo a su fallecido esposo, una vez más, como lo vino haciendo a lo largo de esta primera semana sin él: "vamos a seguir profundizando este modelo porque es la mejor manera de recordar a quien fuera mi compañero, el ex presidente Néstor Kirchner".

“Ustedes saben que tengo un gran amor por la ciencia, es por ello que en mi gestión creé el Ministerio de Ciencia y Tecnología. Ahora, la combinación de las autopartes con las ciencias informáticas nos va a convertir en uno de los siete países con mayor producción en el mundo. No lo digo yo, lo dicen los especialistas del área. Y otra cosa que quiero conversar con los señores empresarios y los ministros es la fabricación de autos con energías alternativas”, dijo esto último como si estuviera pensando en voz alta. Como señal de tranquilidad al sector automotriz, aseguró: "A los empresarios les digo que van a seguir contando con el apoyo de políticas activas para seguir acelerando y profundizando este proceso de industrialización". También les dijo “esta semana inauguramos dos modelos nuevos en dos marcas que son competencia. Y está bien que sean competencia, porque esto los hace esforzarse cada vez más por tener la mejor calidad y el mejor servicio para los argentinos y argentinas”.

Luego de descubrir los paneles que ocultaban al flamante modelo 408, la presidenta se dirigió hasta la planta donde se cortaría simbólicamente la cinta de inauguración de la nueva línea de producción. También se subiría al nuevo auto y lo conduciría hasta el portón. Los trabajadores no pueden contener el deseo de saludarla así que abren las vallas y van a su encuentro. Con cámaras y celulares en mano, se abrazan a Cristina y se sacan fotos. Le cantan, la ovacionan. Ella se emociona una vez más.

“Unas palabras para la Agencia de Noticias Paco Urondo, presidenta”, le grito. “Muchas gracias pero por favor no quiero hablar”, me contesta. La miré a los ojos y allí vi ese sentimiento que todos describimos o intentamos describir desde que Néstor se fue: dolor mezclado con alegría y esperanza. “Un mensaje para la juventud, Cristina”, le pido. “Que los quiero mucho, todo mi amor para ustedes, como siempre. Estoy contenta de estar rodeada de trabajadores y jóvenes”. Gratificados, entendimos su pedido de no hablar. Tiene todo el derecho y todo nuestro respeto a ese duelo que aún está en sus picos más altos. Una situación entendible en cualquier prójimo que perdió a un ser querido y mucho más cuando se trata del Hombre del Bicentenario. (Agencia Paco Urondo)